Si has hecho “click” y caído por aquí, significa que te interesa el ámbito de la nutrición (al menos un poquito), así que te doy la bienvenida a Manducando con Olga.  ¡Ojalá todo el contenido que en este pequeño espacio se exponga te resulte útil y entretenido! Pero no puedo empezar a publicar “cosiñas” sin antes contaros brevemente (bueno…, sintetizar no es lo mío) lo que soy, profesionalmente hablando, y lo que hago, pues sois muchas las personas que me preguntáis a diario en qué consiste una consulta de nutrición.

Soy dietista-nutricionista (D-N, colegiada nº GA00113) y me gustaría mucho incidir en algo que mucha gente no sabe: mi trabajo (y el de cualquiera de mis compañeros/as de profesión) no consiste única y exclusivamente en ayudar a las personas a perder peso y apoyarlas durante el proceso (que también).

“- Pues soy D-N y estoy tratando de abrir una clínica… – Anda, ¿nos vas a poner a dieta a todos?”

 “Eh, Olga, ¿me haces (entiéndase, gratis) una dieta? Total… ¿Qué te lleva, diez minutos?”

“- Pues, verás, estudié el Grado en Nutrición Humana y Dietética… – ¡Hay que ver lo que inventan ahora! Ni que hiciera falta tener estudios para saber que si una persona quiere adelgazar, lo que tiene que hacer es aplicar el tan famoso ‘menos plato y más zapato’. – Bueno, no es tan simple, digamos que… – Y ya si compras las pastillas ‘quemagrasas’ que venden en -sitio sospechoso de turno-, solventado de todo el problema. Van de lujo.”

Estas son algunas de las frases con las que a menudo tenemos que lidiar los/as que un día decidimos dedicarnos a esta, desde mi punto de vista, maravillosa profesión. Y es por ello que dispuse que la primera entrada de este blog sirva a los/as lectores para aclarar las siguientes cuestiones: ¿Qué es y, sobre todo, qué NO es un/a dietista-nutricionista? ¿Nuestra única labor es tratar casos de sobrepeso u obesidad? ¿Existe alguna diferencia entre la titulación de D-N y la de Técnico/a Superior en dietética? ¿Cuándo saber que de verdad estamos acudiendo a un profesional de la nutrición y la dietética y no a un intruso?

 

Además de responder a estas preguntas, me encantaría explicaros de forma muy resumida cómo voy a llevar a cabo mi trabajo dentro del Centro de nutrición y fisioterapia Manduca, en Ribadeo. Qué podéis esperar si algún día decidís acudir a mí para satisfacer una necesidad concreta o para afrontar un problema susceptible de ser resuelto mediante una correcta planificación nutricional. Personalmente, veo justo conocer el funcionamiento de un determinado servicio antes de retribuir el mismo.

Veeenga, Olga, menos cháchara y vete al grano… ¿Qué es un D-N?

Según se recoge en la Ley 44/2003 de 21 de noviembre de 2003 sobre Ordenación de las Profesiones Sanitarias, los dietistas-nutricionistas son “profesionales sanitarios con titulación universitaria –Diplomados (hasta 2011) o Graduados en Nutrición Humana y Dietética- que desarrollan actividades orientadas a la alimentación de la persona o de grupos de personas adecuadas a las necesidades fisiológicas y, en su caso, patológicas de las mismas, y de acuerdo con los principios de prevención y salud pública.”

Es decir, no somos ni enfermeros, ni médicos, ni farmacéuticos. Tampoco entrenadores personales, ni coaches. Somos dietistas-nutricionistas.

Por su parte, y esta vez de acuerdo con lo estipulado en el Real Decreto 536/1995 del 7 de abril, un/a Técnico Superior en Dietética es “un profesional sanitario con competencia para elaborar dietas adaptadas a personas y/o colectivos y controlar la calidad de la alimentación humana, analizando sus comportamientos alimentarios y sus necesidades nutricionales; programar y aplicar actividades educativas que mejoren los hábitos alimentarios de la población, bajo la supervisión correspondiente.”

De las definiciones indicadas se puede extraer que la principal diferencia entre un D-N y un Técnico Superior en dietética, a parte de la titulación en sí, es que a estos últimos la ley no les permite elaborar dietas con pretendida finalidad terapéutica sin supervisión. En otras palabras, no pueden diseñar la planificación nutricional de una persona que padece una enfermedad, reciba esta el nombre que reciba. De hacerlo sin la supervisión de un D-N o de un facultativo, estaría llevando a cabo una acción ilegal al excederse en sus competencias. No obstante, sí pueden elaborar dietas para personas sanas con el objetivo de mejorar su salud. También están capacitados/as para realizar recomendaciones y educar en el ámbito de la alimentación y de la salud, fomentando un estilo de vida saludable. Por lo tanto, los D-N y los Técnicos Superiores en dietética son las únicas personas cualificadas para el ejercicio de la profesión en materia de nutrición.

Ahora que ya sabemos lo que es un D-N, es sencillo determinar lo que NO es. Con poco riesgo de sesgo, diría que un/a D-N no es una persona que recomienda la toma de productos dietéticos varios (por cierto, la mayoría de ellos inservibles) como solución a todos tus problemas. No es una persona que pretende venderte el batido, cuanto menos mágico, de la franquicia de turno. Tampoco es un entrenador personal que se dedica a la nutrición, ni un “health coach”, ni un esteticista. Un/a D-N no es un/a “influencer” que diariamente sube a Instagram sus desayunos y comidas elaborados a base de los llamados “superalimentos” (¿alguien ha dicho exageración de propiedades?).

Y si me permites una serie de apreciaciones subjetivas… un/a D-N no es una persona que saca un folio con una dieta de 1.300 Kcal de un cajón, te la entrega y te cobra por ello. Y ya si logra embaucarte y venderte el botecito de pastillas adelgazantes correspondiente, negocio redondo. Por último, si te recomienda para perder peso beber un vaso de agua tibia con limón y aceite en ayunas (¿de verdad alguien es capaz de tragarse esto?) o inflarte a zumos “detoxificantes” (la poción de Harry Potter a base de zumo de mandrágora probablemente sea más efectivo), lo más seguro es que tampoco estés ante un/a D-N.

Por lo tanto, a la definición legal y oficial antes indicada, personalmente añadiría que un/a D-N es un/a profesional que está en continua formación. Una persona que otorga mayor importancia a la ganancia de salud que al número que una báscula pueda mostrar. Que busca mejorar la calidad de vida del paciente y trabaja codo con codo con el mismo para alcanzar tal objetivo. Un/a D-N debe de estar SIEMPRE al servicio de la salud pública y, en especial, al servicio de la salud de sus pacientes. Este último aspecto implica saber y ser conscientes de cuándo es el momento de derivar al paciente a otro profesional cualificado que pueda prestarle la ayuda que realmente necesita y que nosotros no podemos ofrecerle. Un ejemplo: la formación con la que contamos los/as D-N no nos permite hacer frente a un caso de trastorno de la conducta alimentaria. Los/as psicólogos/as y psiquiatras, sin duda, pueden brindarle a estas personas la mayor parte de las herramientas necesarias y efectivas para su recuperación. Hemos de ser responsables. Todos los que nos dedicamos al área sanitaria. Sin excepción.

Siempre que acudas a un profesional de la nutrición trata de, por favor, asegurarte de que realmente es eso: un profesional de la nutrición y no un intruso. Para ello, fíjate en que su titulación esté a la vista y, si no lo está, no dudes en pedírsela. Si constatas que no la tiene…, seré breve: huye. Es tu salud (y tu economía) la que está en juego.

Con lo expuesto hasta este momento, espero haber arrojado un poco de luz a la confusión que creo, existe en torno a la definición y competencias de un/a dietista-nutricionista. Y diréis: “todo muy bien, pero cuéntame lo que realmente me interesa, ¿en qué podéis ayudarme a mi?”

 

 

Nuestro trabajo te será de utilidad si…:

  • Eres madre o padre y tu hijo/a padece alguna enfermedad susceptible de mejorar mediante la adherencia a un tratamiento dietético adecuado: alergias e intolerancias alimentarias, diabetes, obesidad, enfermedad de Crohn, trastornos tiroideos, anemia, alteraciones gastrointestinales, enfermedades autoinmunes, etc.
  • Eres tú (persona adulta) la que padece esta clase de patologías.
  • Buscas adelgazar sin poner en riesgo tu salud.
  • Estás embarazada y quieres prevenir deficiencias nutricionales y/o favorecer un correcto estado nutricional tanto tuyo como del bebé durante esta etapa tan maravillosa y especial.
  • Acabas de ser madre/padre y estás sumergida/o en un mar de dudas con respecto a la alimentación inicial y complementaria de tu bebé.
  • Eres deportista aficionado/a o profesional y deseas mejorar tu rendimiento en una determinada disciplina y/o tu composición corporal a través de una estrategia nutricional óptima.
  • “Sencillamente” quieres aprender a comer de forma adecuada para prevenir enfermedades y mantener un correcto estado nutricional y de salud, tanto el tuyo propio como el de tu familia. En este punto, no puedo evitar comentar que una inadecuada alimentación es, junto con la falta de actividad física y el consumo de sustancia tóxicas, uno de los principales factores que incrementan el riesgo de padecer patologías crónicas tales como enfermedades cardiovasculares, diabetes o cáncer, responsables del 70% de los fallecimientos que ocurren en todo el mundo.1
  • Perteneces al colectivo de la tercera edad o eres el responsable de los cuidados de una persona mayor y piensas que tu propia alimentación o la de la persona a la que asistes no es la adecuada (recordemos que, en nuestro país, la presencia de malnutrición entre las personas ancianas se encuentra generalizada).2
  • Eres el/la director/a o encargado/a de una empresa alimentaria y estás buscando un profesional que elabore el sistema de autocontrol basado en el Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC) idóneo para tu empresa.

Si algún día decides acudir a Manduca en busca de ayuda y asesoramiento nutricional, es recomendable que antes conozcas la mecánica de las consultas.

 

 

En una primera visita evaluaremos tu estado nutricional. Lo más habitual es analizar tu composición corporal, bien mediante mediciones antropométricas o bien mediante una báscula de bioimpedancia. Así sabremos (a modo orientativo), qué porcentaje de tu cuerpo está constituido por grasa (subcutánea y visceral) o cuánta masa muscular posees en términos aproximados. El resultado que de estas técnicas se derive solo es un complemento más que nos será de utilidad a la hora de diseñar la estrategia nutricional óptima para ti y en el momento de valorar una parte de tu progresión, existiendo casos en los que esta información no resulta especialmente útil. Un ejemplo: valorar la evolución de un paciente que busca adelgazar y mejorar su estado de salud en función de indicadores como el peso o el Índice de Masa Corporal no es (ni de lejos) lo más adecuado. Y para muestra, un botón: ¿de qué sirve haber perdido peso, si interiormente uno se siente decaído, sin energía, triste y/o hambriento? ¿De qué sirve haber perdido peso si resulta que al alcanzar los kilogramos deseados uno vuelve a retomar los antiguos hábitos alimentarios (sí, esos que precisamente fueron los causantes del estado de sobrepeso u obesidad que sufren tantas y tantas personas hoy en día)? ¿De qué sirve seguir una dieta con un principio y un final? ¿De qué sirve restringir calorías hasta límites insospechados si a la larga se trata de una estrategia inviable y enormemente contraproducente para la salud? Como me suele aconsejar mi madre: “cabeciña…”

Una vez llevado a cabo el análisis de composición corporal (reitero, en caso de estimarse oportuno) comentaremos los resultados y te serán explicados de la manera más sencilla posible. En la primera consulta, necesitaré conocer lo mejor posible tus hábitos alimentarios, tu horario y rutina diaria, tus gustos y aversiones, tu capacidad para cocinar, tu disponibilidad de tiempo, etc. Asimismo, juntos completaremos tu historia clínica o anamnesis (¿Padeces alguna patología? ¿Alguna alergia alimentaria? ¿Estás recibiendo un tratamiento farmacológico? ¿Tienes antecedentes familiares de enfermedad? ¿Algún hábito tóxico?) y también elaboraremos tu diario dietético. Y si dispones de una analítica sanguínea reciente, ¡bienvenida sea!

Toda la información recabada constituirá la base para diseñar y elaborar la mejor estrategia o protocolo nutricional para ti, en función de cualquiera que sea el objetivo (realista) que vengas buscando. Por ello, es de entender que en la primera consulta no te lleves dicho protocolo en formato papel a tu casa, ya que aún no existe. Cada persona es un mundo y cada persona tiene unas características y unas necesidades concretas que es necesario tener en cuenta y abordar. Evidentemente, la primera consulta (además de sentar las bases para el diseño del plan) servirá para dar respuesta a las dudas y cuestiones que albergues en relación con la alimentación. En un plazo máximo de cuatro días, dispondrás de tu planificación nutricional.

Las consultas posteriores de seguimiento tendrán lugar, de forma general, cada dos semanas. No obstante, este aspecto se modificará según se estime oportuno. Algunas personas precisan de un seguimiento más cortoplacista y otras, con acudir mensualmente a consulta ya podrían ver sus necesidades totalmente cubiertas. Cada una de estas visitas servirá para valorar tu progresión en base a los criterios adecuados; para hacer frente a las problemáticas y dudas que vayan surgiendo; para facilitarte nuevas herramientas de utilidad y, por supuesto, para adaptar la planificación inicial (de dos semanas) a lo largo del tiempo según las necesidades detectadas. En la ADHERENCIA hacia un hábito alimentario y un estilo de vida saludables radica el que alcancemos o no los objetivos que nos hemos propuesto.

Mi mayor éxito profesional será el tuyo propio. No puedo aspirar a más que nuestro trabajo y esfuerzo (sí, tanto tuyo como mío) sirva para mejorar tu estado de salud, tu bienestar, tu autoestima. En definitiva, tu satisfacción personal.

Bienvenido/a a Manduca. Bienvenido/a a este blog.

Olga.

 

Referencias:

  1. Enfermedades no transmisibles [Internet]. Organización Mundial de la Salud. 2018 [citado el 12 de abril de 2018]. Disponible en: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs355/es/
  2. Milá R, Formiga F, Duran P, Abellana, R. Prevalence of malnutrition in Spanish elders: systematic review. Med Clin. 2012;139(11):502-1.
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